El otro día,
en uno de los debates de clase, estuvimos reflexionando sobre los exámenes en
educación primaria.
Se trata de
un modo de evaluación, en mi opinión, muy importante y eficaz a la hora de
evaluar a los alumnos. Mediante los exámenes, los alumnos demuestran los
conocimientos que se van adquiriendo y les motiva para esforzarse a largo de la
asignatura. De todos modos, pienso que los trabajos y actividades que necesitan
un poco de dedicación, pueden ser más útiles que los exámenes, para que los
alumnos hagan un aprendizaje significativo del contenido. Así pues, estoy a
favor de los exámenes, pero con algunas variantes…
En primer
lugar, creo que más que preguntar conceptos específicos en los que se espera
que los alumnos “echen” todo lo que saben, los exámenes deberían de servir para
que los alumnos demuestren que han hecho una comprensión del contenido mediante
preguntas que les hagan reflexionar; en segundo lugar, que haya exámenes no
implica que SOLO haya exámenes, es decir, el docente debe utilizar los
controles como una herramienta más en su proceso de evaluación a los alumnos,
no solo teniendo en cuenta estos, sino evaluando otros muchos aspectos, tales
como la actitud, motivación o el esfuerzo; por último, que un profesor haga exámenes
escritos a sus alumnos, implica que está haciendo practicar a los alumnos un
tipo de ejercicio que en su futuro utilizarán, y mucho.

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